De la Revolución de Mao a la Nueva China de Xi Jinping: La construcción de una potencia socialista del siglo XXI

José Percy Paredes Coimbra

La historia y tradición de la República Popular China establece uno de los
conocimientos políticos, económicos y culturales más importantes y trascendentales
del mundo moderno. Desde el triunfo y la victoria revolucionaria conducida por Mao
Zedong en 1949 hasta el afianzamiento de la “Nueva China” promovida por Xi
Jinping, el modelo chino ha caminado por diferentes etapas históricas que
armonizaron revolución, planificación estatal, reformas económicas, modernización
tecnológica y confirmación nacional.
China pasó de ser un país devastado por la guerra, la ocupación extranjera y el
feudalismo, a convertirse en una superpotencia global capaz de disputar la
hegemonía económica, tecnológica y geopolítica de Occidente. Este proceso no
puede entenderse únicamente como un crecimiento económico; se trata también de
una construcción ideológica, cultural y civilizatoria basada en una interpretación
propia del socialismo.

Mao Zedong y el nacimiento de la China revolucionaria
Cuando Mao proclamó y promulgo la fundación de la República Popular China el 1
de octubre de 1949, el país estaba marcado por la pobreza exagerada y extrema,
la desintegración territorial y el sometimiento extranjero. La revolución comunista
personificó la capitulación del viejo orden semicolonial obediente durante décadas
a potencias occidentales y japonesas.
El maoísmo germinó como una adaptación del marxismo-leninismo a la realidad
campesina china. Mao comprendió que la revolución en China no podía estar en
manos de únicamente del proletariado industrial, como había ocurrido en Europa,
sino que debía apuntalar en el campesinado y en una guerra popular prolongada.
Bajo el liderazgo de Mao se promovieron profundas transformaciones: como la
reforma agraria y eliminación del poder terrateniente, la nacionalización de sectores
estratégicos, la construcción de un Estado socialista centralizado, las campañas
masivas de alfabetización y salud pública y la consolidación de la soberanía
nacional frente al imperialismo.
En la China maoísta prevaleció la autonomía política y económica. Su objetivo era
impedir que China retornara a ser esclavizada y sometida por potencias extranjeras.
En ese sentido, Mao no solo dirigió una revolución social, sino también una
revolución nacional, originaria y civilizatoria.
Sin embargo, el proceso también desafió grandes contradicciones. Prácticas como
el “Gran Salto Adelante” y la “Revolución Cultural” generaron crisis económicas,
conflictos internos y enormes tiranteces sociales. Aun así, para millones de chinos,
Mao persiste como el fundador de la China moderna y el líder que restituyó dignidad
y soberanía a la nación.

Deng Xiaoping y la inauguración socialista al mercado
Tras la muerte de Mao en 1976, China inició un nuevo período bajo el liderazgo de
Deng Xiaoping. Deng concibió que el país precisaba actualizar y modernizar sus
fuerzas productivas y superar la incomunicación económica.
Fue en aquel momento cuando nació el concepto de “socialismo con
particularidades chinas”. Esta idea esbozaba y delineaba que el socialismo no debía
copiar modelos extranjeros, sino adaptarse a las circunstancias concretas de China.
Estas reformas de Deng transformaron radicalmente el país: como por ejemplo la
apertura controlada al capital extranjero, la creación de zonas económicas
especiales, la modernización industrial y tecnológica, incentivos al mercado bajo
supervisión estatal y desarrollo rápido de infraestructura.
A esta altura tengo que recordar la famosa frase de Deng, “no importa si el gato es
blanco o negro, mientras cace ratones”, que sintetizaba una visión pragmática del
desarrollo. El objetivo ya no era únicamente la revolución indestructible, sino la
construcción de una nación fuerte, moderna y competitiva.
De esta manera China conservó el liderazgo político del Partido Comunista, pero
incorporó mecanismos de mercado que impulsaron un crecimiento económico sin
precedentes. Centenares de millones de personas resurgieron de la pobreza,
convirtiendo a China en la mayor metamorfosis económica de la historia moderna.

El afianzamiento del poder chino

Los gobiernos posteriores continuaron ahondando la modernización. Bajo Jiang
Zemin y Hu Jintao, China expandió su integración global, ingresó a la Organización
Mundial del Comercio y robusteció su papel como fábrica del mundo.
Durante estas décadas se consolidaron varios pilares estratégicos: como el de un
Estado fuerte con planificación central, el control nacional sobre sectores
estratégicos, la expansión educativa y científica, la industrialización masiva, el
crecimiento de la capacidad militar y la integración tecnológica y digital.
El modelo chino comenzó a diferenciarse tanto del capitalismo neoliberal occidental
como del antiguo modelo soviético. China armonizó planificación estatal, disciplina
política y apertura económica limitada, estableciendo un procedimiento híbrido que
desafió muchas teorías tradicionales del desarrollo.

Xi Jinping y la cimentación de la “Nueva China”

Con la llegada de Xi Jinping al poder en 2012, China entró en una nueva fase
histórica. Xi planteó el “Sueño Chino”: el gran rejuvenecimiento de la nación china.
El proyecto de Xi busca consolidar a China como potencia integral del siglo XXI. Ya
no se trata solamente de crecer económicamente, sino de liderar tecnológica, militar
y geopolíticamente el nuevo orden mundial.
A partir de acá vamos a ver a la China bajo Xi Jinping y como vemos que se han
fortalecido varios ejes:
Reafirmación ideológica del Partido Comunista
Xi ha restituido la centralidad ideológica al Partido Comunista Chino. Frente al
individualismo neoliberal y a la influencia occidental, el gobierno enfatiza: en el
nacionalismo chino, la disciplina partidaria, la estabilidad social, el control
estratégico del Estado y la defensa de la soberanía nacional.
En consecuencia, el partido vuelve a presentarse como guía y conductor histórico y
autentico del pueblo chino.
Fortaleza tecnológica

China ha pasado de ser una economía manufacturera barata a competir en
inteligencia artificial, telecomunicaciones, robótica, energía y exploración espacial.
Empresas como Huawei, BYD y Alibaba Group personifican el ascenso tecnológico
del país. La meta es reducir la subordinación de Occidente y conseguir
autosuficiencia científica.
La Nueva Ruta de la Seda
Uno de los proyectos más ambiciosos de Xi es la Iniciativa de la Franja y la Ruta,
conocida popularmente como la Nueva Ruta de la Seda. A través de inversiones en
infraestructura, puertos, energía y transporte, China busca conectar Asia, África,
Europa y América Latina bajo una red económica global liderada por Beijing.
Este proyecto enuncia la nueva dimensión geopolítica china: una potencia que ya
no solo defiende su soberanía, sino que también propaga su influencia y autoridad
mundial.
Erradicación de la pobreza extrema
El gobierno chino expresó haber eliminado la pobreza extrema en 2021. Millones de
personas mejoraron esencialmente sus condiciones de vida. Este logro manifiesta
la superioridad organizativa del modelo socialista chino frente a las desigualdades
del capitalismo neoliberal.
Visto así, el ascenso de China ha abierto un profundo debate mundial. Para algunos
sectores, el modelo chino representa una alternativa al neoliberalismo occidental y
manifiesta que el Estado puede dirigir exitosamente el desarrollo económico.
Para otros, el sistema chino combina crecimiento económico con fuertes
mecanismos de control político y limitaciones a ciertas libertades individuales.
Lo indiscutible y lo que no se puede ocultar, es que China ha transmutado el
equilibrio global. Hoy disputa la hegemonía económica y tecnológica de Estados
Unidos y plantea la posibilidad de un mundo multipolar.
La “Nueva China” de Xi Jinping se presenta como heredera de Mao, pero adaptada
a las condiciones del siglo XXI. Mao construyó la soberanía revolucionaria; Deng
impulsó la modernización económica; Xi busca convertir esa acumulación histórica
en liderazgo global.
A manera de conclusión tengo que decir que la evolución de China desde Mao hasta
Xi Jinping revela la capacidad de un Estado para reinventarse sin renunciar
indiscutiblemente sus fundamentos ideológicos. El modelo chino no es una copia
del socialismo soviético ni del capitalismo occidental; es una síntesis propia basada
en planificación estatal, nacionalismo, pragmatismo económico y continuidad
política.
Desde las montañas revolucionarias de Mao hasta las megaciudades tecnológicas
de Xi Jinping, China ha recorrido un camino histórico marcado por disciplina
estratégica, visión de largo plazo y construcción nacional.
En pleno siglo XXI, la experiencia china se ha transformado en uno de los
fenómenos políticos más influyentes del planeta, redefiniendo las relaciones
internacionales y disputando el monopolio occidental sobre las ideas de desarrollo,
poder y modernidad.