Las desdichas de la Plaza Murillo

Por: Cintia Fabiola Figueredo Quisbert

Causa curiosidad ver de forma casi permanente a Neptuno (un vehículo antidisturbios) estacionado en una de las calles de la Plaza Murillo, quieto a la espera de entrar en acción en cualquier momento. Este sitio de administración gubernamental siempre ha sido el objetivo principal de las marchas de protesta de diversos sectores de la sociedad, durante varios años atrás hasta el presente, este texto pretende narrar de forma breve algunos de los más relevantes y trágicos sucesos acontecidos en esta plaza, en los siglos XXI, XX y XIX, en una coyuntura donde el descontento social va escalando cada día es saludable recordar nuestra historia, presentaremos esta selección de narraciones en cronología inversa.
En el presente siglo, la Plaza Murillo ha sido escenario de hechos trágicos, como el caso del ex minero de Siglo XX, Potosí, Eustaquio Picachuri quien el 30 de marzo de 2004 exigiendo la devolución de sus aportes de jubilación, al no tener una respuesta positiva por parte de las autoridades, procedió a explotar las dinamitas que llevaba adheridas a su cuerpo, murió y con él dos policías que trataron de persuadirlo para que no ejecute su radical medida.
En febrero de 2003, tras el “impuestazo” una ley que pretendía cobrar impuesto a los salarios proclamada por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, se desató un motín policial y reacciones de protesta de varios sectores sociales, el jueves 12 de febrero ocurrió un enfrentamiento entre policías y militares, las huellas de los proyectiles de aquel evento aún se pueden apreciar en los muros de la Caja Nacional de Salud que se encuentra en plena esquina de la plaza Murillo, las jornadas de febrero dejaron un saldo de 30 fallecidos.
El pasado siglo nuestra plaza ha sido testigo de hechos aún más intensos, como el linchamiento del presidente Gualberto Villaroel el 21 de julio de 1946, en un contexto de reformas sociales en favor de los sectores populares, un sector opositor a su gobierno impulsado por una conspiración que lo tildaba de pro nazi, fueron el combustible que terminó con su vida, un magnicidio por demás cruel e injusto.
Para cerrar está cronología de sucesos trágicos, cuyo escenario ha sido la plaza Murillo, tenemos el testimonio de Daniel Calvo, ministro del presidente Tomás Frías, quien en una carta dirigida a su esposa Elisa el año 1875, narra el evento que revela el nacimiento del nombre “Palacio Quemado”, para referirse al Palacio de Gobierno, presentamos un fragmento de dicha misiva que es parte de la compilación de Mariano Baptista Gumucio, Cartas para comprender la historia de Bolivia (2016):


Elisa de mi alma:
Estoy bueno y sano, pero es porque Dios ha querido hacerme renacer diez veces hoy día. Hemos triunfado sobre los bandidos después de un combate espléndido de 8 horas. Eduardo está tan bueno como yo. A las 11 y ¼ [sic] de hoy día comenzó un ataque furioso a Palacio, donde vivíamos. Se organizó trabajosamente la resistencia, pero en fin, los valerosos jóvenes ocuparon sus puestos y muchos los sostuvieron con heroísmo.
A las 2 de la tarde nos tomaron la casa de policía frente al Palacio; el combate desde entonces fue de una vereda a otra, entretanto que por la catedral nos arrojaban sábanas incendiarias a los techos: las primeras pudieron ser sacadas, pero las sucesivas prendieron; a las 3 ardía el tercer piso, a las 4 y las 5 tomaba proporciones colosales; crujían las vigas de la casa y aullaba alrededor la bestia popular; de 5 a 6 de la tarde el espectáculo era horroroso, se desplomaba el Palacio por todas partes y era temible que se incendiase el parque. Por otra parte, arreciaba el ataque, se contaban por miles las cabezas de cholos.
¿Qué hacer? Entre morir en medio del incendio o por las balas de los bandidos, optamos por lo segundo. Después de mil vacilaciones conseguimos organizar un grupo que no se animaba a salir, yo tuve la suerte de guiarlo; eran, ¿cuántos creerás? Eran siete con los cuales y Baptista que me seguía, llegamos a la pila; allí nos crujieron a balazos, ero reforzados con otros siete que se nos incorporaron los derrotamos en la plaza y tomamos la calle del banco, ahí fue lo terrible. (Baptista, 2016 p. 228)


En un contexto de caudillismo militar Daniel Calvo narra cómo las disputas por el poder, vía la fuerza armada, eran un conflicto que el Estado boliviano y sus instituciones no podían resolver.
En el pasado hasta el presente la Plaza Murillo fue y seguirá siendo el objetivo de quienes protestan y luchan por las cosas que el Estado atropella, invisibiliza, ese lugar donde se ejerce poder, pero también donde puede llegar a su fin.
Bibliografía
Calvo, D. (1875). La quema de Palacio de Gobierno. En M. Baptista Gumucio (Comp.), Cartas para comprender la historia de Bolivia (p. 228). La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional.
https://www.historia.com.bo/2004/marzo/30/el-ex-minero-picachuri-se-inmola-en-el-edificio-del-congreso-nacional
https://www.reduno.com.bo/noticias/febrero-negro-que-paso-hace-23-anos-en-la-plaza-murillo-2026212175436
https://archivohistorico.lapaz.bo/index.php/gualberto-villarroel-colgado-en-la-plaza-murillo-el-21-de-julio-durante-la-revolucion-de-1946