Las consecuencias de la explotación capitalista

Por Carlos H. Burgoa Moya

En el vasto territorio que la vida nos dio, sea creación divina, legada por un dios o por azares de un ser supremo, exceptuando que la superficie de la tierra está cubierta por un 70% de agua, dejando apenas un 30% de suelo firme para nuestros pueblos y ciudades y hay historias que se tejen en torno a pequeños pueblos que nadie se pueden imaginar que suceden, pero hacen que su historia trascienda a otras latitudes del mundo, porque gracias a las redes sociales, a periodistas o a todo aquel o aquella persona que le llama la atención escriba o nos relate un acontecimiento. Es así que gracias a la pluma de Leila Guerriero (Junín, 1967) destacada periodista y escritora Argentina, considerada uno de los máximos referentes del periodismo narrativo y la crónica en español, relata una historia que me ha llamado la atención. «Los suicidas del fin del mundo» fue publicado originalmente en 2005 por la editorial Tusquets (colección Nuevos Textos Sagrados) y cuenta con 224 páginas y reeditado en 2026 por Anagrama, es la historia de Las Heras (Santa Cruz): Ciudad ubicada en la región de la Patagonia, al norte de la provincia de Santa Cruz. Es un importante centro urbano y petrolero cercano a localidades como Pico Truncado y Caleta Olivia, de la república Argentina.

Es una crónica periodística que investiga una serie de suicidios de jóvenes en Las Heras. Evitando el sensacionalismo, la autora utiliza la contención narrativa para construir un relato coral y desolador sobre el aislamiento, el desempleo y la falta de oportunidades, típico en casi todas las ciudades, no solo de Argentina, sinos casi de todo el mundo. La forma de relato que nos cuenta Guerriero, que nos describe la atmósfera y crudeza, que logra transmitir el ambiente opresivo del pueblo patagónico. Nos describe como una lectura intensa donde el viento, el abandono y la desolación son protagonistas casi tangibles que explican (o rodean) la tragedia. Este relato está escrito de un periodismo sin sentimentalismo: Se elogia profundamente la ética periodística de Guerriero. La autora no juzga ni dramatiza, sino que se apoya en los testimonios de familiares, amigos y vecinos para retratar el dolor desde la distancia, lo justo, que es un reflejo social, que vive este pueblo. Más allá de un suceso local, la obra es vista como un reflejo de las consecuencias del quiebre industrial y la crudeza del capitalismo en las comunidades aisladas, que una vez explotada su capital natural, los grandes negocios extraen la riqueza, sea esta petróleo, gas u otro, agarran lo que tiene y se marchan, forrados de plata y poder a otro lugar apto para el saqueo. El relato nos muestra que hay una ausencia de respuestas fáciles, la lectura no ofrece una sola causa ni moraleja, expone múltiples voces contradictorias, dejando al lector la tarea de dimensionar la complejidad de la salud mental y el vacío existencial de estos seres humanos que viven esa tragedia del suicidio o del abandono.

El ciclo del extractivismo, que esta plegada en todo lugar, donde haya riqueza, se muestra con claridad el impacto del capitalismo voraz. Las Heras pasó de la promesa del oro negro (petróleo) al abandono masivo cuando las grandes corporaciones retiraron sus inversiones, dejando atrás un territorio devastado económicamente y con un tejido social roto. El entorno como opresión, el viento y el aislamiento patagónico no son solo geografía, operan como un muro invisible que profundiza la desconexión de los jóvenes con el resto del mundo y complejiza la salud mental, al validar la ausencia de respuestas fáciles. El suicidio en Las Heras no se explica por una sola variable, sino por una acumulación de vacío existencial, falta de futuro y desesperanza estructural, esto nos debe llamar la atención, un buen libro para analizar lo que deja el capitalismo.